sábado, 2 de junio de 2012

Banderas

La ciudad se ha ido engalanando de banderas, grandes, medianas, pequeñas, de tela o de plástico, de papel, colgadas a una cuerda, triangulares, vistosas, enormes, colgando de edificios y balcones, de los techos de las estaciones de tren, como en la de Victoria Station: ¿fue esta semana cuando al bajarme del tren y al ir andando a buscar la bici en el andén número ocho se me fue la mirada hacia arriba y casi me asusté al ver las banderas, marcialmente alineadas, colgando del techo, movidas por esa brisa que siempre corre en el interior de los edificios enormes?, y luego, en Portobello Road, me extrañó sorprender entre la miseria de los barrenderos y la mugre de los últimos borrachos de la noche (uno nunca sabrá si están empezando el día o acabando la noche anterior) las serpentinas de banderitas a todo lo largo de la calle más atractiva de Londres si es sábado y eres un turista español.

Incluso nuestra querida vecina ha engalanado su casa de banderas. Nuestra querida K., con los niños, que tanto tiempo pasan juntos. Se me cayó el alma a los pies, pero luego, en un intento de comprensión antropológica, me dije que no, que tal vez estas cosas les pasaban a los ingleses por ser ingleses, así que como mi mujer es inglesa y estábamos en la cocina (con la ventana abierta oíamos las indicaciones de K. y de su marido M. colgando las banderas alrededor de la casa, de las tejas) le dije, con sorna, que se nos había olvidado comprar banderitas. "Todavía tenemos tiempo", me respondió. Y al ver mi cara de espanto: "only jocking, man", y luego las risas (de alivio).

El próximo domingo, o sea, mañana, habrá fiestas por las calles de los pueblos, calles cortadas, y se extenderá por el país una borrachera gubernamentalmente promovida para celebrar los sesenta años de monarquía de la reina Isabel II. Vistas las banderas y lo que la gente dice, no tengo más remedio que pensar que este país es muy monárquico. Con la excepción de mi esposa, claro.

miércoles, 30 de mayo de 2012

Miedo en el cuerpo

Eso de tengo el miedo metido en el cuerpo, como si el miedo se pudiera meter en otro sitio que no fuera un cuerpo, es una expresión popular que me sirve hoy para qué: para retratar a un país. El país está como yo, con el miedo metido en el cuerpo. El país está como yo: con una redundancia. El país me sirve hoy para escribir algo, para dejar de mirar como un poseso los titulares digitales de los periódicos cada diez minutos. Hoy, a media mañana, Bruselas, y ellos, nos dieron un respiro. Pero luego qué. Qué los años que nos quedan por vivir....


miércoles, 23 de mayo de 2012

Día de huelga

Ayer dediqué el día de huelga a cuidar de Alexander, que tiene varicela. Lleva tanto tiempo sin ir a la escuela que se le hace cuesta arriba pensar en volver. El lunes, como no teníamos con quien dejarlo, le obligamos a vestirse. Le obligamos a asistir al colegio, pero al mediodía no pudo más. Emma (tenemos la suerte de que su madre y él van al mismo cole) se lo trajo a casa. La verdad que el día de huelga nos vino de perlas.

La hubiese secundado yo de todas formas. Hay cosas por las que merece la pena luchar, y la educación pública es una de ellas. Los menores menos favorecidos, por ejemplo, los que merecen todo nuestro apoyo para ayudarlos a superar las desventajas sociales que les han venido impuestas, que ellos no han elegido. Los menores con dificultades de aprendizaje, que necesitan un refuerzo especial sin el cual se quedarán en el vacío o en el limbo cultural en el que tantos se quedan.

Si los niños no realizan trabajos manipulativos en las primeras edades, si no dedican sus horas de recreo a escarbar en los areneros que ahora posiblemente se queden sin arena por falta de dinero, sin plastilina y sin barro, no llegarán a desarrollar el potencial que llevan dentro. Y el país será, como siempre, un país de fracasados, de los que nunca llegan a nada. Llegarán, eso sí, los de siempre: los hijos de los ricos, que acuden a centros privados llenos de recursos, de areneros renovados de arena nueva y siempre limpia, no con residuos de jeringuillas o de vidrios de botellas de cerveza, no con colillas de cigarrillos ni de porros. Renovados con subvenciones públicas también. Esto no hay que olvidarlo.

martes, 15 de mayo de 2012

Buen viaje

Entre mis 19 y mis 23 años leí unas tres veces Cambio de piel, y por entonces también La muerte de Artemio Cruz, y por supuesto antes de ir a vivir a Málaga, el cuento Aura. Hace un par de años lo intenté de nuevo con Terra Nostra y no pude terminarlo, pero uno puede comprender, dentro de su ignorancia ominosa, la tarea que emprendió Carlos Fuentes, que se acaba de morir. Es como el Ulises de Joyce, que tengo descargado en el Kindle en versión original (sin subtítulos) y no voy a poder terminar nunca. Tal vez hay libros escritos para que uno solo pueda empezarlos. Tal vez hay libros escritos para escritores solo, escritores de verdad, no estos de los blogs, con ínfulas de nada.

Pero yo a Carlos Fuentes, como a Joyce, le tengo cariño. Se muere alguien que era como de la familia, con sus libros aquí en casa, sobre todo ese que quiero yo tanto, el de Cambio de piel, que ganó el premio Biblioteca Breve en su momento. Hubo un tiempo en que quise escribir como él, y lo imitaba mucho.

Muchos dicen que era un pijo. Es decir, si lo comparamos con Rulfo. Rulfo era el pobretón de la literatura mexicana. Fuentes el pijo, aunque un pijo rojo. Pero me caía bien. Lo hizo bien. Así que, desde aquí, ahora, echado en la cama, oyendo la respiración de los niños recién dormidos, te deseo un buen viaje, Carlos. Vete tranquilo. Lo intentaré de nuevo con Terra Nostra.

miércoles, 9 de mayo de 2012

Los días grises

Creo que llevamos ya cuatro semanas con lluvias ininterrumpidas. El fin de semana, mientras limpiábamos la casa por la mañana y la preparábamos para unas visitas (las únicas visitas que tenemos últimamente son las de los compradores potenciales), Emma se detuvo un momento, con el trapo del polvo en la mano y la mirada perdida en la ventana, y dijo, como para sí: si no sale el sol pronto me voy a volver loca.

Es una de estas situaciones que comienzan a ser bíblicas, imágenes que uno creía que pertenecían al mundo de la literatura latinoamericana que más nos gustó una vez, la de Cien años de soledad. Aunque no todo es gris, no siempre. A veces, como ayer, ¿ayer?, por la tarde, salió un rayito de sol. Como no estamos ya acostumbrados, y yo había ido a recoger a James, me apresuré a sacarlo al jardín a que jugara bajo el sol, mientras yo comenzaba a preparar la cena. En una de estas, que miré hacia el otro lado, hacia afuera de la calle, vi a las vecinas de abajo, las cuatro niñas rubias de la familia del número 26. Se habían puesto los pantalones más cortos del ropero, de los de marcar paquete, y patinaban calle arriba calle abajo como si fuera verano y el sol llevara muchos días seguidos en el cielo. Es curioso. En estos días invernales, como el calendario dice mayo, uno puede encontrar por la calle a personas con abrigos junto a otras con manga corta.

Sigue lloviendo.

martes, 8 de mayo de 2012

El día de Europa

Para celebrar el día de Europa los de 1 de ESO aprenden no sólo a tocar la parte del Te Deum de Charpentier que todo el mundo conoce, sino que aprenden que el Te Deum se llama así, no Eurovisión. El himno oficial de Europa, sin embargo, es la Oda a la Alegría que compuso Beethoveen dentro de su novena, aunque los niños aprenden muy pronto a tocarla con la flauta y van dando flautazos en sol mayor con la maldita melodía por todo el colegio. El nueve de mayo es fiesta en Jersey porque fue hoy, en 1945, que los liberaron de la tiranía nazi, no ayer, que acabó la guerra. Los aviones aliados volaban por encima camino de Alemania y los pobres habitantes de la isla se preguntaban si no se habrían olvidado de ellos, si siempre iban a tener que vivir así, bajo las herraduras de los soldados arios. El nueve de mayo Schuman, el ministro de exteriores francés, leyó la declaración que lleva su apellido, una declaración sentida en la que pedía a las naciones europeas la unión en un estado más grande y comprometido para evitar lo que hasta entonces había sido la guerra más terrible en la tierra. La Unión Europea nacía como idea entonces, y como idea pacífica, por decirlo de algún modo. Yo nací 24 años después. Un nueve de mayo. Felicidades, Europa.

sábado, 5 de mayo de 2012

Pedales

Mi abuelo gallego, que se llamaba Aurelio, vaya nombre, viajaba en bicicleta. Lo hacía sobre todo entre la aldea de Baronzás y el pueblo de Xinzo da Limia, que aunque están a un kilómetro de distancia, lo hacía cargado de productos de la tierra que vendía por las calles. Muchas veces, cuando llegábamos a Xinzo a primeros de agosto, nos cruzábamos con él por la carretera, y aunque mi padre tocaba el claxon del coche, él apenas disminuía su ritmo lentísimo de tortuga de cuento. Me preguntaba entonces cómo podía mantener el equilibrio a aquella velocidad. Tenía setenta, y luego ochenta años. Y más tarde noventa. Y seguía viajando en bicicleta, hasta que perdió el sentido de la realidad y se murió muy rápidamente, enloquecido o tal vez más cuerdo de lo acostumbrado: le pedía a mi madre que le trajera un habano encendido en su lecho de enfermo o de muerte.

Me acuerdo de estar junto a él en las siestas orensanas, que son como las de Córdoba, pero con un porcentaje bastante mayor de humedad (multiplique usted por cien). A la sombra de la parra, recuerdo que sacaba del bolsillo un cigarro que había apagado a la mitad hacía quién sabe cuántos días, lo encendía, y leía el resto de una revista tal vez de hacía tres o cuatro años, pues lo mismo le servían para encender el fuego en la cocina de leña cada mañana como para leer una noticia atrasada, un presente hecho historia o nadería, quién sabe.

Me acuerdo mucho de mi abuelo Aurelio, me acuerdo de él casi cada mañana, cuando voy al trabajo y pedaleo en mi bici bajo la lluvia o la neblina o el sol, el frío o el calor. Cada mañana y cada tarde, yendo y viniendo del instituto español, sudo, y ese sudor me limpia, lo mismo que me limpia el trabajo del campo. Lo que hizo que mi abuelo se convirtiera en un ser casi centenario que podía ir en bicicleta por la carretera de Xinzo da Limia.

Yo a la máquina le debo muchas horas de sufrimiento y de libertad desde muy pequeño. De niño, mi tío Paco me regaló una BH que no olvidaré jamás. De joven, en Córdoba, fui de los primeros que reivindicaron, con la práctica, un carril bici que no sé si ha llegado a la ciudad. Y ahora, a mis casi 43 años, la bicicleta me ha devuelto a una juventud que creía había perdido. Tanto sudar y he perdido la barriga que empezaba a preocupar a Emma y a mí mismo, y mis piernas han vuelto a ser las que eran, no esos troncos fláccidos de los que me avergonzaba un año y medio atrás. A Paul Auster le gustaría oírme la historia, seguro, amante como es de los puros y los cigarros como de los deportes que merecen la pena: el baloncesto, el béisbol o, supongo yo, aunque no lo tengo claro, la bicicleta. Volvemos a España, pero lo que a mí me gustaría es irme a Nueva York otros cuantos años, y viajar por aquellas avenidas de taxis amarillos sudando, pedaleando, manteniéndome joven, o lo que es lo mismo, vivo.

lunes, 30 de abril de 2012

La sierra

El destino provisional es Collado Mediano, un pueblecito que no tuvimos la ocurrencia de visitar cuando pasamos tres días en la zona esta Semana Santa. En Collado Mediano se ha pasado nuestro amigo Pepe Beltrán más de un año, en casa de su hermano, recuperándose de una larga enfermedad. En Collado Mediano vive, por lo visto, el campeón del mundo de ajedrez, que es indio y a quien nadie ve salvo paseando de vez en cuando: está recluido en el sótano de su casa, rodeado de libros y de programas informáticos. También tiene o tuvo su casa Antonio Muñoz Molina, y también vivió allí o por los alrededores (¿Alpedrete?) Carlos Saura y Paco Rabal.

Llevo todo este año echando de menos lo que todavía estoy viviendo, los paisajes mojados de Inglaterra, las distintas clases de nubes que he ido poco a poco aprendiendo a interpretar, los campos cultivados, y las calles de Londres, las que paseo en bicicleta camino del trabajo. Miro el árbol que planté hace cinco años y me sorprende siempre verlo tan grande, sobre todo esta última primavera.

Vivir echando de menos las cosas que aún uno tiene, tiene que ser como vivir estando a punto de morirse. Es un buen aprendizaje para Alexander, que nos acompaña en la despedida lenta del último año de estancia aquí, aunque la casa no se venda y tengamos que tenerla y acaso visitarla y darle una vuelta y venir a quedarnos para las vacaciones. Podremos sostener la situación durante dos años. Luego, ya veremos.

Esto de no vender la casa es algo que uno no comprende. Uno ha sido feliz aquí, uno vive bien aquí, uno tiene el tren al lado, uno deja el coche abierto por las noches, uno no cierra con llave el garaje, uno solo oye por las noches las peleas de los zorros. Por las mañanas el canto de los mirlos. Uno no entiende que nadie quiera la casa donde se ha sido feliz más o menos, donde ha nacido James, donde Alexander se ha hecho mayor y ha aprendido a leer y a escribir.

Han salido los espárragos amargueros. El próximo fin de semana iré a coger un manojo y me los comeré yo solo, porque solo a mí me gustan. Me los comeré (esparragados) despidiéndome también, como todo lo que hago ahora.

lunes, 23 de abril de 2012

Educación



En estos días en que la educación pública parece que está bajo mínimos está bien recordar el discurso precioso que hizo Shakira en Oxford Union. Tan solo para dejar las cosas claras. Para recordar lo importante. Para demostrar lo evidente.

lunes, 16 de abril de 2012

De vuelta

Ha sido un viaje extraño el que hemos realizado a España esta Semana Santa. Como teníamos dos semanas, la segunda, tras comer caracoles en Córdoba y estar con la familia, pasar un día en Jaén, ver pasar figuras a hombros rodeadas de velas encendidas, hemos estado mirando casas en el Noroeste de Madrid, que es donde se supone vamos a vivir a partir de Agosto. Quienes venden sus viviendas, muchos de ellos, son personas que se han quedado en el paro, gente que les ha ido bien, o muy bien, que han gastado el dinero que ganaban a manos llenas, y que ahora se encuentran casi en la calle, sin poder pagar su hipoteca. Una familia de cinco personas y ninguno trabajando. Un señor culto de cincuenta y pico años, separado, a punto de que se le acabe la ayuda.

Lo peor es que parece que no le va mejor a nuestros amigos de la calle Cadarso, aunque no estén en el paro. La crisis hace que las personas que se someten a un trabajo analítico, o psicoanalítico, disminuya considerablemente: cuando uno se queda en el paro lo primero que se aparta son las clases particulares de los hijos, las enseñanzas no regladas de música, las idas y venidas a psicólogos, la comida ecológica, que España exporta en su totalidad. Los inquilinos de las viviendas arrendadas andan pidiendo a los dueños que les bajen el alquiler. Todos sufren.

Bueno, todos no. Ahora parece que el rey de España se ha hecho daño cazando elefantes en Botswana (uno pensaba que esas cosas ya no se hacían). Le habían reducido los fondos un 2 % (pero a CEAPA un 50 %) y todavía le quedaba un remanente para irse de vacaciones él solo a pegar tiros. Menos mal que no se dio uno en el pie, como su nieto. Matando elefantes a razón de 45.000 euros la semanita mientras los españoles se buscan la vida como pueden para no irse a dormir debajo de un puente. Vaya país.

jueves, 29 de marzo de 2012

Desbordado

No he tenido ni un rato para escribir en este blog, que se suponía era una especie de diario personal o familiar en el que registrar momentos para la posteridad, para ayudarnos a recordar lo que pasó, quienes fuimos. Ahora tengo un virus en el ordenador que me borra las fotos y los recuerdos y que cuando tecleo la página web de El País me salta al de ABC, así que solo me entero de la mitad de lo que pasa, no de la otra mitad, que es la que a mí me interesa más, puesto que parece señalar las historias de los perdedores o de los débiles. Los débiles siempre pierden: los curritos, los asalariados, los que tienen unos ahorrillos que no llegan a nada, los ciclistas... Pues eso, que en Mayorca atropellaron a una ciclista alemana, la mataron, y se dieron a la fuga. Lo de casi todos los días. Lo que pasa es que los del atropello eran policías, borrachos para más señas, vestidos de paisano. También ellos pierden. Lo que cambia la vida en un tristrás. Te tomas unas copas, decides coger el coche, y la liaste. Para el resto de tu vida. Los del gobierno también atropellan, pero a ellos no les pasará nada. Al final, tan solo les harán un retrato de unos cien mil euros, para la posteridad. Se lo van a hacer a Bono y era uno más, así que imagino que el que le hagan al presidente del gobierno... ¿Quién hace retratos por tanto valor? ¿Es por concurso público ya que el dinero sí que lo es?

domingo, 18 de marzo de 2012

Hay libros

Hay libros que se terminan en el baño, sentado sobre la taza del váter, oyendo a lo lejos, tras la puerta, el jaleo de los niños, oyendo a Emma hablar por teléfono, oyendo como quien no quiere oír pasos que suben las escaleras o que las bajan, después de todo el baño está cerrado, y no hay más en la casa. Hay libros que tienen que terminarse así, con los pantalones en los tobillos, llorando como un niño. Y es lo que me ha pasado con el que hemos estado compartiendo Alexander y yo, y que él está aún empezando (no me extraña, si cada día trae un libro obligatorio de la escuela). El escritor, un maestro que decidió retirarse para escribir: Michael Morpurgo. La obra, una historia sobre la relación de una niña con su abuelo, y de un padre con su propio padre. Se titula Shangri-La. ¿Estará traducido?

viernes, 16 de marzo de 2012

Despedidas

Hace ya tiempo que miro el mundo despidiéndome de él, con cierta añoranza adelantada, miro los primeros pasos del James sabiendo o suponiendo que son los primeros pasos que no volveré a ver más, porque se irá haciendo mayor inexorablemente, y yo lo miro con una intensidad poco común del que no está del todo cuerdo, de quien trata de fijar bien en la memoria, una memoria débil, por otra parte, esos momentos únicos e irrepetibles que se van, momentos que se van continuamente, y es entonces, en los primeros pasos del James, en las primeras bocanadas de oxígeno que nos trae la primavera con los narcisos florecidos en Hyde Park, con las señales en el mismo libro que Alexander y yo estamos leyendo juntos, el primer libro leído juntos, curioso, ya nunca más habrá un primero, en una frase cualquiera de Emma, en una mirada al hablarme, que veo el tiempo pasando, que veo su cara aquí y ahora que no volveré a ver más, será otro rostro, serán otras circunstancias las que lo vayan moldeando, es entonces cuando soy consciente de que morimos continuamente. ¿Por qué tenemos que envejecer, morir? No es justo.

viernes, 2 de marzo de 2012

Willy Wonka

En Reino Unido el día mundial del libro no es el 23 de abril, sino el 1 de marzo. En el colegio de Alexander la propuesta era que cada alumno y cada profesor, el que quisiera, fuera ese día, esto es, ayer, vestido de un personaje. Un personaje que te guste. Y Alexander eligió a Willy Wonka, ese carácter maravilloso que creó Roald Dahl en Charly and the chocolate factory. La versión en la que actúa Johnny Depp es muy buena, he de decir, aunque prefiero los dibujos que Roald Dahl dejó en su libro, y que se puden ver en cada versión impresa junto a las palabras de uno de los maestros más grandes que tiene la literatura infantil.

Roald Dahl es como el Shakespeare de los libros para niños. No hay otro como él. En las escuelas se tienen muchos ejemplares de todas sus obras, y Alexander incluso tiene en casa una biografía del gran escritor y piloto. Tras un accidente de su hijo Theo, que le provocó hidrocefalia, se involucró en la creación de un artilugio que aliviara sus dolores y que hoy día se conoce como válvula de Wade-Dahl-Till.

Willy Wonka en el tren:




Willy Wonka llegando al cole:

martes, 28 de febrero de 2012

Summertime

Me está costando mucho trabajo seguir a tiempo las lecturas del máster esta semana: no es solo que haya subido la temperatura, que tenga la cabeza en otras cosas, que comiencen a florecer algunos árboles, que vayamos por la calle con menos ropa, que haya más sonrisas por metro cuadrado que antes, con el frío, no. Tal vez, pero no. Lo que me pasa es que no puedo, aunque lo intento, dejar de leer Summertime, de J.M Coetzee. Así que me siento en el tren con la promesa de estudiar, y en ese momento de abrir la mochila me digo: "solo un poquito, va", y en lugar de sacar los capítulos que es mi deber estudiar, pues saco una novela o una autobiografía novelada que leo a hurtadillas de mí mismo.

La historia está muy bien trazada: tras la muerte de J M Coetzee, un biógrafo visita a personas que conocieron al escritor surafricano durante los primeros años setenta. Así, el libro lo forman las entrevistas que este biógrafo hace a personas relevantes para la vida del biografiado. Y de esta manera se va dibujando ese periodo en la vida de Coetzee, y unos personajes muy interesantes. Bueno, tal vez no interesantes. Lo interesante radica en la situación en que se encuentran con respecto a Coetzee. O no. Yo qué sé. Lo único que sé es que el libro es estupendo.


 

viernes, 24 de febrero de 2012

Una biblioteca honesta

Los miércoles recojo a Alexander después de su actividad de kick, que quiere decir fútbol, a las cuatro y media de la tarde. Aunque todavía no es un messi del asunto, al menos se lo pasa bien, corre y grita muchísimo, pidiendo que le pasen el balón.

Cuando llegamos a la estación, si tenemos tiempo antes de que pase el tren que nos lleva a casa, nos quedamos un rato en la sala de espera, que es donde se compran también los billetes, y donde recientemente han puesto la Kent House Honesty Library, que es una estantería con libros y donde el que llega puede coger uno, llevárselo, leerlo, con la promesa de devolverlo al terminar. Hay semanas en que la biblioteca está a rebosar de libros, y hay que colocarlos unos sobre otros, amontonados como los que teníamos en casa antes de guardarlos en cajas. Otras veces hay solo unos cuantos.

Nadie vigila la biblioteca, nadie hace un seguimiento de las lecturas, nadie recuerda a nadie que está pasando demasiado tiempo sin devolver un libro, nadie parece quedárselo para sí. Es lo que tiene este país, en que la palabra honesty surte un efecto mágico para el punto de vista de un español. España, me dice Emma, a quien le pregunté sobre la palabra honesty en el caso de la biblioteca de Kent House, es picaresca: en España una biblioteca así, en la estación de, pongamos por caso, Galapagar-La Navata, se quedaría vacía en unos cuantos días. En Inglaterra eso, dice ella, es imposible. Si le pides a un inglés que sea honesto, lo será antes que nada.

Hay un montón de autores que no conozco. Otros sí: está el James Joyce de A Portrait..., el Pérez Reverte de The Fencing Master, el Roal Dahl de The BFG, el Amis de Money, etc. Así que si tenemos tiempo, nos sentamos en los bancos de espera y leemos un rato Alexander y yo, él con los zapatos del kick llenos de barro y yo con la incertidumbre de pensar en una biblioteca así, libre de vigilantes y de tejuelos y de carnés, en la estación de Galapagar-La Navata.

sábado, 18 de febrero de 2012

Casa en venta

property image

Estoy dentro de mi casa, pero entro en internet para ver mi casa, aunque yo esté dentro. Desde dentro veo mi casa desde fuera. Casa en venta. Ayer vino una pareja, la tercera, a verla. Curioso esto de enseñar la casa, no sabe uno lo que están pensando de uno. De todas formas da igual: una gran cantidad de cosas que nos pertenecen están en un almacén, en cajas. Libros. Cientos de libros. En inglés, en español, en francés, en alemán. Y mesas, y mecedoras, y juguetes, incluso ropa. Todo para dar una impresión de espaciosidad falsa. Emma sabe mucho de ello, pues estuvo toda su infancia mudándose de casa. Sus padres: unos expertos en mudanzas, o en huidas. Nosotros, sin embargo, no huimos, sino que volvemos  a pesar de las circunstancias: a pesar del paro, a pesar de la Depresión que se está convirtiendo en Grande, a pesar de las nuevas relaciones laborales establecidas entre empresarios y trabajadores. O tal vez por eso, para echar una mano.

viernes, 17 de febrero de 2012

Elecciones

El PSOE me ha enviado una carta para informarme del procedimiento de votación de los residentes en el extranjero en las Elecciones al Parlamento de Andalucía. De pronto esta conexión con Andalucía me alegra y me produce un sentimiento de extrañeza enorme. Hace catorce años que dejé de vivir en el Sur. Me parece mentira que hayan pasado tan rápido. Que hayan pasado tantas cosas.

James y Candle duermen esta mañana lenta y tranquila. Alexander está viendo una película en la tele, y está tan tranquilo que no me apetece recordarle que tiene que leer su libro, que practicar sus canciones de violín.

Agradezco la información que me llega desde el PSOE. Supongo que la habrán enviado a todos los residentes andaluces en el exterior. Son dos folios de buena calidad, y la acompaña una tarjeta de cartón blanco de mejor calidad todavía, con las letras impresas en color rojo. Mañana me llegarán la de los otros partidos políticos, o tal vez sólo una más, la del otro partido político, que imprimirá sus letras en color azul.

Se ha ido nublando paulatinamente y es bonito estar en casa y mirar la oscuridad grisácea que se ha apoderado del día. Los petirrojos, ajenos a la amenaza de lluvia, se acercan al comedero que cuelga de una rama de la forsitia de la entrada.

Vaya derroche en recursos naturales y en dinero, me digo. ¿Por qué no enviarán un email?

martes, 14 de febrero de 2012

Fuenteovejuna

Hace tantos años que se murió Antonio Gades que da un poco de cosa ver Fuenteovejuna en el Sadler´s Wells, tantos años han pasado y esa compañía sigue haciendo memoria de él con la última coreografía que el maestro creó... De Antonio Gades se pueden criticar algunas cosas, pero nunca su capacidad como artista coreográfico ni su conocimiento y su respeto por el folclore español. Y aquí quiero venir, porque de un tiempo a esta parte (pongamos desde la Transición) entre ambientes izquierdistas se ha venido viendo esto del folclore como algo de lo que la Democracia no ha sabido desprenderse. Por ejemplo se puede criticar el establecimiento de ayudas para la creación de la Rondalla de Mi Pueblo y contraponer este hecho con el cierre de la Biblioteca del Barrio de X.

Estamos siempre a favor de las Bibliotecas. Lo que no entendemos es ese odio que se tiene al folclore. Se puede decir que el folclore está lleno de ideas pasadas de moda, de relaciones humanas no respetuosas, no digamos con los animales, con su amor a los toros (bueno, amor al arte de matarlos en las plazas)... Pero si podemos apartar estos aspectos del pasado que convierten al folclore en un terreno para arqueólogos de la sociedad y de las relaciones humanas y del poder, lo único que nos queda es hermosura, la que Gades supo muy bien transmitir antes de ponerse fatalmente enfermo. Y lo de su comunismo..., pues lo mismo que el folclore, un elemento más que explica el pasado de un ser humano, en este caso.

Aunque hay que decir una cosa: cuando hay que pasar del folclore a lo jondo, al flamenco, Antonio Gades sabía hacerlo muy bien. Aunque parece ser que aquí le ayudó uno de los grandes: José Manuel Caballero Bonald.

viernes, 10 de febrero de 2012

Nieve

No he podido esta mañana dejar de detenerme un momento en el paseo de los arces que recorro todos los días en la bicicleta, en Hyde Park, y tirar unas fotos con la cámara que llevaba en la mochila. No sé qué tiene la nieve para que todo el mundo se embelese con ella. Yo sé que a mí me lleva a mi infancia en Suiza. A mis primeros cinco años. Quizá sea la última nieve de este invierno. Por eso me he detenido a fotografiarla. Y lo he hecho con pena.